lunes, 6 de agosto de 2007

Aprendiendo a vivir de los indígenas




Emociones que se manifiestan a través del folcklore de un pueblo. Raíces que vigentes y coloridas palpitan en los días soleados o nublados; de invierno o verano. Expresiones de arte popular que no requieren de la celebración de una fiesta para mostrar a todos el arraigo a las costumbres nacionales que todavía se puede observar en algunos pueblos de México; y siendo universales, en cualquier rincón del mundo que todavía se encuentre al resguardo de la globalización.

Basta sentarse en una banca de la plaza de un pequeño poblado, para que nos provea de substancioso material humano para ser observado. Es en estos sitios pintorescos donde los contrastes son claramente identificados al poder distinguir entre lugareños, nacionales o internacionales, a personajes que teniendo entre sí roles distintos en el mundo; son capaces de cruzarse rozando sus hombros en una conglomerada calle principal, donde de momento se vuelven todos iguales. Y donde no importa la raza, el color de la piel o la vestimenta ni lo que hagan.


Y entonces me pregunto dónde está la diferencia. Y sentada todavía como en análisis sociológico, observo lo que me rodea. Mujeres indígenas regalando su trabajo manual a compradores en su mayoría extranjeros, que por si no fuera poco el infravalor con el que han de vender sus mercancías, el cambio de moneda hace aún más irrisoria la compra.


Pero distraigo mi atención hacia dos encorvados viejecitos, que más que vender refrescos y golosinas, debían estar en un sitio donde pudieran ser atendidos. Y entonces he dado la razón a quienes amando a sus adultos mayores, principalmente en Europa, los llevan a residencias donde son cuidados y respetados. Cuestión cultural, visión de paises y gobiernos que atienden estas necesidades.

Sentí tristeza, el mundo no es igual para todos. Entonces no depende de inteligencia, talento, voluntad, creatividad. Que el mundo seguirá siendo injusto para quienes no alcanzan la oportunidad. Y reflexiono, si es esta la razón, si hay que estar en el momento y tiempo necesario para ver pasar las oportunidades frente a nuestros ojos y tomarlas o arrebatarlas.

Y sigo sin obtener respuesta, tendría que hacer un análisis comenzando conmigo misma. Pero continúo observando, hay demasiados estímulos sensoriales, como para desperdiciar la ocasión de entender ciertas cosas. Mirando a la izquierda están los portales, y debajo de ellos mujeres indígenas rodeadas de botes con flores naturales de donde toman las distintas variedades y tamaños para que mezcladas con follaje verde, adornen una canasta recién elaborada.

Me pregunto lo que piensan mientras trabajan. Intercambian entre ellas en su dialecto otomí, palabras. Creo que son felices, también puede ser que no conozcan más que lo que viven, y por eso es que no desean más de lo que tienen. La tierra y naturaleza es su principal proveedor de felicidad. Basta que broten de los campos las coloridas flores, los trigales dorados al sol, las mazorcas de maíz que proveen su alimento. Plantas de las que han aprendido por herencia milenaria a obtener materia prima para textiles que les visten el cuerpo. Solo se tienen a ellos mismos, a la naturaleza y a su Dios.

Con qué costos pagamos los otros, los que vivimos con estrés por el tráfico, por las filas en supermercados y bancos, por las cuentas por pagar, porque nos llenamos de remedios naturistas, de terapias relajantes y costosas en un spa. Porque cada día hay más divanes de psicólogos y menos oraciones en la paz silenciosa de una Iglesia.

Estamos pagando muy caras las vacaciones al Caribe, los campamentos de verano para deshacernos de los hijos. Pagamos un alto precio por sentirnos cada día más vacíos, más artificiales y menos naturales. Comenzamos a desentonar con la tierra aunque hagamos esfuerzos modernos por acercarnos a ella con feng shui, medicina alternativa y cuanto invento aparece anunciado cada día en los diarios y la televisión.


Por eso es importante sensibilizarnos ante la enseñanza de nuestros pueblos indígenas, basta mirarles la piel curtida por el sol. Y teniendo cubiertas sus necesidades básicas, son felices. Todo lo que les ocurre será siempre un extra. Bailan y cantan. Sus terapias anti-estrés son sus mismos trabajos artesanales. Gozan de ver a sus hijos comiendo un mango jugoso aunque se les manche la ropa, aunque no tengan las manos limpias.


Me levanto del banco y camino, cierro los ojos y concluyo después de todo esto que los pobres y marginados somos nosotros, los que nos hemos olvidado de saber vivir.
Tere García Ahued

7 comentarios:

Rina dijo...

Tere:
Estuve en ese lugar que describes dos días antes que tu., puedo entender totalmente tu sentir..... y el exhorto que incluye es algo que estremece quien se precie de mantener viva su sensibilidad ante el ser humano...
muchas gracias por este mensaje lleno de México... sí, lo que realmente importa para ser felíz no se compra, no se vende.... ni se puede prestar....
Me congratulo contigo, espero tu siguiente., rina.

Anónimo dijo...

Tere:

Una vez más tu sensibilidad desbordante que reflejas en cada letra, me deja reflexionando y esta vez es en los indios
tarahumara en Chihuahua, México.

Recién la semana pasada un guía de turistas nos llevó a visitar una de sus cuevas donde aún "viven", y me pregunté como es posible que aún el ser humano viva en una cueva, que la edad de piedra aún no termina de transitarse?.

Como le hacen para subsistir sin tener siquiera agua corriente, menos aún agua caliente, wc,
lavadora, tv, cepillo de dientes, mucho menos leer o escribir, en fin, eso a lo que estamos acostumbrados en la llamada "civilización"?

Pero tienen aire limpio, alimentos sin contaminantes, agua fresca del río,y como bien dices Tere, solo se
tienen a ellos mismos y a su Dios.

Definitivamente no sé quién viva más feliz, si ellos o nosotros.

Un saludo amiga, hermoso todo lo que escribes como siempre.

Sara Fuentes (México)

juan dijo...

Tere. no puedo decir que sorprendente porque tienes talento, mas bien conmovedor porque hiciste que reflexione en lo que tenemos y estariamos dispuestos a renunciar a toda esa mercadotecnia que hay? acaso es tan dificil volver a lo natural? He vivido en comunidades indigenas y se lo que quieres dar a entender. agregaria que debieramos ser mas humanos porque les hacemos el fuchi cuando se nos acercan, porque nos reimos cuando hablan, porque los despreciamos debemos hacernos un analisis .sigue escribiendo vuela muy alto y avisame siempre que escribas algo cuidate lacolina

Anónimo dijo...

Querida TERE: muchos kilómetros nos separan geograficamente pero tu relato, escrito con las palabras que brotaron de tu corazón, han borrado fronteras. Tusd indígenas, los de México, no son tan diferentes a los de Argentina.Sus culturas, tradiciones, sus carencias, sus sabidurías, sus rituales y el respeto por las tradiciones.
Espero nos sigas deleitándonos con tus bellos relatos.
Abrazos, desde Buenos Aires

Anónimo dijo...

Querida Tere:
Primero nos aportas la visión de un mundo que se mantuvo casi inalterable, a pesar del despojo del que ha sido presa a partir de la sangrienta conquista. Luego haces una confrontación de ese mundo con el nuestro, y estimas muy elevada la factura que hemos pagado por ese supuesto desarrollo, con cuentas por cobrar, cruceros al Caribe y loqueros tomando en nota mientras les abrimos nuestra conflictiva interna recostados en un diván. Sí, los pobres somos nosotros, que hemos perdido la oportunidad de vivir en armonía con la naturaleza. Habría que preguntarles a estos indígenas si se sienten del todo bien viviendo como viven, o si ansían nuestros jacuzzis, nuestras tarjetas de crédito, nuestras comodidades adquiridas en cómodas o agobiantes cuotas.
Tienes una óptica muy sensible y logras ver más al fondo del colorido exterior, de esas artesanías que malvenden los indígenas como recuerdos de viaje a los turistas. Penetras en datos sociológicos más allá de la mira costumbrista.
Debes seguir escribiendo, porque esto es lo tuyo. Estoy feliz de que hayas decidido publicar tus pensamientos en este blog y te animo a que los sigas haciendo.
Cuento con que leeré nuevos, interesantes y sabrosos artículos salidos de tu pluma.

Anónimo dijo...

Gracias por esta reflexión, tan imprescindible en todas partes, pero sobre todo en 'este rincón' del mundo.

Enlazo en mi resumen mensual

Saludos desde Madrid.

Anónimo dijo...

Muchas gracias a " la otra agenda ". Acabo de entrar y es un honor que me tomaran en cuenta, me siento ilusionada y agradecida.
Tere García Ahued.