miércoles, 23 de abril de 2008

Pretendiendo a la vida




Un luminoso reflejo se posa en las blancas paredes del patio de casa. Es noche de luna llena y nada hay que pueda ocultar semejante brillo en el cielo. Las sombras de aquellas macetas de barro suspendidas por hilos desgastados, marcan contornos en los muros y columnas, simulando esos preciosos dibujos que alguna vez me compartió un lejano amor.

Las mejores inspiraciones surgen de una gran alegría o un profundo dolor. Se me confunden mientras intento definir si puedo expresar una cosa u otra y que tan genuino es gozar con ambos sentimientos. Parece que si me quedo estática en la silla, se me desgasta lo que veo. No sirve de nada mirar tanto aunque sea muy bello.

Vamos, ponte de pie me digo, como quien arrastra y convence a un cuerpo envejecido diez años por una gran tristeza repentina combinada con alegría sustanciosa, colmada y suficiente. Las flores también están decaídas tras el calor del medio día. Agua necesitan, agua les ofrezco. Se humedece entonces la tierra que contienen. Atravieso mi mano en los segundos en que cae esa cortina líquida por entre hojas, tallos y flores, como queriendo cruzar el umbral hacia un jardín secreto o aquel mágico mundo detras del armario como sucede en los cuentos.

No puedo evitar colocar en mis días algunos sueños. También los pequeños placeres adornan con grandes pinceladas esos momentos que se vuelven pintura en lienzos. Justificados motivos trascendiendo en el tiempo, como los granos enteros del pan de mi bocadillo, el vapor enriquecido que se eleva de la taza de porcelana con aroma de café sureño, el trozo de papel en el que ahora estoy escribiendo, el sueño de mi hijo al que sigo nombrando como mi pequeño, la oración emitida desde mi corazón y sin escala al cielo, la fe en Dios y en mí misma, el reencuentro con mis padres, mi nueva vida en puerta, mi mejorado aspecto exterior, mi reconfortado espacio interior, la confianza en mis talentos y la humildad por mis defectos, la certeza por mis conscientes decisiones, renuncias y rescate de sueños. Todo parece revuelto, todo se coloca en un orden personal y universal, todo ocurrió, y seguirá ocurriendo, con destino marcado o ayudando un poco a cambiarlo si el viento intentase declinar mis fuerzas mar adentro.

Parece que tras tanta historia ha pasado mucho tiempo, sin embargo apenas la luna ha cambiado ligeramente de posición, aún se reflejan las macetas por las paredes, todavía caen gotas del agua recién vertida en su seco interior, aún humea el café y medio bocadillo espera mientras el garabateo me entretiene en esta captura de ideas, solo por no dejar para después algo que entonces no podrá llevar la misma esencia, porque cada minuto pesa, cada minuto enriquece, resta o aumenta y las mejores cosas deben ser instantáneas, aún cuando algunas veces impulsivas, nos llenen de alegría o dolor.

Dedicado e inspirado en este momento especial de mi noche, de mi vida.

Tere García Ahued.


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