Acabó la fiesta. Fueron muchos los participantes. Pero invitados solo había unos pocos. Los unos no vinieron todos, pero trajeron a otros al evento. Así resultó concurrido. De unos a otros corrió la voz. No estaban todos los que eran, pero sí eran todos los que estaban. Se les veía disfrutar, gozar. Y además se hicieron amigos. Algunos se conocían de vista, otros ni de eso. Algunos coincidían en una red social de Internet, y ese día tuvieron el gusto de saludarse personalmente. Pero ¿cómo es que no están los que fueron invitados? Todo está unido, nadie es imprescindible. El que no la había organizado, el que no conocía casi nada de lo que pudiera pensarse para esa circunstancia, era el que respondía a todos aquellos que pedían instrucciones o maneras de situarse. La vida es así, todos ocupamos el lugar que nos corresponde, en el momento justo y apropiado.
lunes, 20 de abril de 2009
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1 comentario:
Armando encantada de verte.
Te diria que asì es la vida como
tu la describes,quizà nos coloca en el momento apropiado y nos dà oportunidades y como nadie es imprescindible,ocupamos el puesto de otros y es el momento de demostrar nuestras habilidades.
Quizà cabe aquì el pasaje aquel del banquete al que no asistieron los invitados...
Un abrazo
Nelly
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